Sin estas partículas, el vapor necesitaría una sobresaturación muy elevada para condensarse. Los núcleos más eficaces son higroscópicos, es decir, atraen el agua, como la sal marina o los sulfatos. También actúan como núcleos el polvo, el humo y otros aerosoles.
Suelen medir alrededor de una décima de micra. Su número y tipo influyen en el tamaño de las gotas de nube y, por tanto, en la facilidad con que una nube llega a precipitar.