Es la forma cuantitativa de expresar la permeabilidad de un terreno para el agua. Depende sobre todo del tamaño de los poros y de lo bien conectados que estén, y también de las propiedades del fluido, como su viscosidad.
Aparece en la ley de Darcy, que relaciona el caudal que circula por un medio poroso con el gradiente hidráulico.
Q = −K · A · (dh / dl)
Donde K es la conductividad hidráulica, A la sección atravesada y dh/dl el gradiente hidráulico.
Sus valores varían en un rango enorme, de unos 10−12 m/s en una arcilla compacta a más de 10−2 m/s en una grava limpia. Esa diferencia de ocho a diez órdenes de magnitud explica que el agua cruce un metro de grava en minutos y tarde siglos en atravesar un metro de arcilla.