No todo el espacio vacío de un material sirve para que el agua se mueva. En los poros muy estrechos, como los de la arcilla, la adhesión del agua a las partículas y la tensión superficial la retienen con más fuerza que la gravedad. Tampoco participan los poros aislados, sin conexión con el resto.
La porosidad eficaz es siempre menor que la total. En las arenas y gravas ambas son parecidas; en las arcillas, la diferencia es enorme. Por eso un material puede almacenar mucha agua y, aun así, ser un mal acuífero.
En la práctica, la porosidad eficaz se aproxima mediante el rendimiento específico.