Se calcula, de forma aproximada, dividiendo el volumen de la reserva entre el flujo de agua que entra o sale de ella. Varía enormemente. En la atmósfera es de unos 9 días, en los ríos de unos meses, en los océanos de unos 3.200 años y en los acuíferos profundos o el hielo antártico puede alcanzar decenas de miles de años.
Indica la rapidez con que una reserva se renueva y, por tanto, la rapidez con que puede recuperarse de una contaminación o de una sobreexplotación.